Soy médico especialista en medicina familiar y comunitaria

Soy médico especialista en medicina familiar y comunitaria, pero desde hace 17 años he estado trabajando como médico asistencial en la mutua Fremap. Poco a poco, fui perdiendo la esencia de mi verdadera vocación, me fui formando en traumatología laboral.

Al final descubrí que ese no era mi sitio, el paciente era tratado como un número de expediente y mi yo interior se resistía a seguir por ese camino. Seguía actuando como médico familia, con esa cercanía tan característica que nos caracteriza, veía al paciente , me preocupaba por su familia, siempre me ponía notas para recordar sus cumpleaños, les llamaba personalmente para que me sintieran cercana y siempre les escuchaba aunque eso me llevara pasar un gran tiempo con ellos….

Acabe siendo etiquetada como la psicóloga de Fremap, solo por el simple hecho de escucharles, de dar un abrazo, por recibirles siempre con una sonrisa , por la alegría que compartía con ellos con cada logro que alcanzaban y acompañando en las dificultades.

Pero eso que mis pacientes veían tan “especial “ en mi, no era apreciado por mis directores quienes solo buscaban mejorar las estadísticas y los números.

Me fui convirtiendo en alguien que era despreciada,humillada públicamente por mis directores. No fui la única, mis compañeros sufrieron el mismo trato. Todos ellos fueron abandonando Fremap.

En este último año me he encontrado sola, enfadada conmigo y con el mundo, llena de frustraciones, irritable…y me fui desencantando con mi profesión. Fue arraigando en mi interior, como mala hierba que crece en un corazón dolido, la idea de que no valía, que ya no servía para médico.

Caí en un depresión grave que me mantuvo en los últimos meses aislada de mis seres queridos, encerrada en mi cuarto a oscuras, ya no me quedaban lagrimas. Cai en un hoyo muy profundo del que no sabía salir.

Entonces encontré al doctor D. Ricardo Ortega , psiquiatra, que poco a poco fue devolviéndome la confíanza en mi misma, trabajamos juntos la autoestima y me iba poniendo retos: sal de casa a pasear al perro, queda con tus amigos más queridos a tomarte un café… y deja tu trabajo actual porque ese es el origen de tu problema.

Qué vértigo, a mis 51 años dejar un trabajo seguro y volver a empezar desde cero en mi verdadera vocación de médico. Fui superando los retos, fueron cayendo las barreras y de repente me di cuenta que nunca estuve sola. Mi padre en el cielo y Tu mi Padre me tenias cogida de la mano impulsándome hacia arriba con cariño y amor.

Y llego está Navidad mi regalo al esfuerzo, a mi perseverancia y con la ayuda de mi marido y mis maravillosos hijos, he superado esa depresión, ahora se que no estoy sola, que siempre os he tenido a mi lado, os quiero con todo mi corazón.

Desde hace una semana he vuelto a ser médico de familia en el centro de salud de Los Belones, me he encontrado acompañada, acogida con los brazos abiertos, me están cuidando tanto mis compañeros desde los administrativos ( Geli y Pascual ), las enfermeras ( Pilar e Isabel ), mis compañeros médicos ( Eva y Claudio), no hay palabras para agradecer todo el cariño recibido.

Gracias a todos los que lo habéis hecho posible. A mi Padre y a mi Madre María, a los que tanto he rezado y que siempre han estado a mi lado,acompañándome, abrazándome… a mi padre que comparte con Ellos un trocito de cielo y que estoy segura que ahora debe estar con el corazón henchido de alegría viendo a su hija superándose, te hecho mucho de menos papá.

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