Sobre abuelos

“Un vida de coraje y de amor ”

Y viniste al mundo, con una sonrisa que iluminaba a todo aquel que te miraba. La primera en acogerte entre sus brazos fui yo, tu madre, ante la atenta mirada de tu abuelo, que dejaba entrever la felicidad de su corazón.

Que felicidad la de esos dos primeros años, tu alegría lo empañaba todo, cuantos futuros creábamos para ti, sin saber que la vida se puede truncar en cualquier momento, te puede dar su hachazo y dejarte herida de muerte.

Y sin saber cómo, de manera furtiva llegó la oscuridad penetrando por todos los poros de nuestras vidas, llegó y nos trajo consigo el aislamiento y la soledad dónde tuvimos que aprender a bailar. El autismo te dejó sin voz, sin alegría,enfadado con tu familia, con el mundo, encerrado en una coraza que ni mis más tiernas manos podían penetrar.

Llegue a ti a través de la música, cantándote todos los días la misma canción, esa canción que ya guardamos toda la familia como el más preciado de los tesoros. La que me permitió acercarme a ti, llegar a tu corazón. Y en esa lucha estuvo siempre tu abuelo , acogiéndote, arrullándote entre sus ya cansados brazos, hasta que un día se fue de la mano de Dios y emprendió su viaje hasta el más hermoso de los cielos.

Desde entonces, tu, hijo mía, buscaste la manera de llegar a ese Cielo y traerte de vuelta a tu abuelo, era tal el vacío que dejó en tu corazón que hasta hubieras cogido un avión para llegar a el. Lo que no sabías era que esos aviones que veías desde tu ventana, no llegaban a ese Cielo. Pero eras tenaz, un poco cabezota y en tu mente intranquila, ideabas siempre la manera de recuperarla. En tus sueños, hablabas con el, solo a el, los demás nos conformábamos con esa pequeña ventana a tu interior que nos abrías gracias a los pictogramas y el lenguaje de signos.

Y tu hermana mayor que no entendía el torbellino que estaba viviendo su familia, callaba, le inundó la tristeza, también su sonrisa desapareció. Nunca hubo por parte de ella protagonismo, nunca rabietas para llamar nuestra atención; ella vivió esos años en la intimidad, sola aunque estábamos todos a su alrededor. Fue lamiendo sus heridas hasta que iban cicatrizando y  con los años, ha sido tu mejor aliada, tu mejor amiga, tu mayor defensora. No puede haber un corazón más limpio, más grande, más humano, más generoso. Esa es tu hermana.

Y los años pasaban, las hojas de ese libro que es la vida iban pasando y nosotros llenábamos los capítulos de vivencias.    

Como madre no soportaba el dolor que sentía al no poder concederte tus sueños. Qué tristeza invadía mi corazón , cuando te veía encerrado en tu mundo, aislado, rebuscando entre fotos viejas la de tu querido abuelo y cuando la encontrabas venias corriendo a enseñármela, como si yo no supiese que ese era tu gran amor. Y entonces te enseñé a rezar, te enseñé que no hay sueños imposibles si confías en El, si dejas tu vida en sus manos. Y rezabas todas las noches, arrodillado a los pies de tu cama, con las manos entrelazadas y yo a tu lado, siempre a tu lado en tu oración silenciosa y al finalizar me dejabas arroparte entre las sábanas y cerrabas los ojos y esperabas el sueño para poder reunirte con tu abuelo y contarle tu día, tus miedos, tus frustraciones, tus dificultades pero también tus victorias, tus logros, tu esfuerzo por superarte.

Y los años transcurrían, años de trabajo duro, de esfuerzo, a veces de amargas derrotas y otras de júbilo al verte superarte día a día; creciste, te nos hiciste mayor y crecieron tus sueños, ahora ya no solo buscabas la manera de ver nuevamente a tu abuelo, ahora querías más, querías que María tu madre en el Cielo, Ella que todo lo puede, curará a tu abuelo de su leucemia, esa enfermedad que tan pronto y de manera cruel te la arrebató, querías que te lo devolviera, tú lo necesitabas más que nadie, a tu lado, no entendías que hacía en el cielo, aburriéndose el solo y su familia aquí, en la tierra, echándole tanto de menos.

Entonces te llevé a hacer la ruta mariana del norte de España y te llevé a orar a tu otra Madre y a hacia Ella deslizabas tu mirada temerosa pero llena de esperanza y le rogabas que curara a tu abuelo y le devolviera a tu casa, donde tú le esperarías, ansioso por abrazarlo y acurrucarte nuevamente entre sus brazos. Y tu Madre, que todo lo puede, seguro que te miraba con sus preciosos ojos y con su amor infinito acogía tu rezo en su corazón.

Pero necesitabas más, necesitabas encontrar el camino al Cielo de tu abuelo. Y un día, en esas vacaciones que hacíamos y hacemos en familia, te subí en el teleférico de Cantabria y subiste más allá de las nubes y tu corazón volvió a vibrar, sonreíste ya habías encontrado la manera de que el abuelo pudiera bajar en ese ascensor mágico y nos pudiera visitar.

Mi niño, mi amor, ese día derramé lagrimas de alegría al darme cuenta de tu infinita ternura, de tu amor incondicional, de no dejarte vencer por la adversidad…qué gran lección nos diste a todos. Esa manera tuya de “ver” y “sentir” es lo que hace tan especial. Nunca la pierdas. Se siempre tú, porque ya así eres grande, eres noble, bondadoso, cariñoso…

Yo siempre estaré contigo, acompañándote en este viaje, venciendo juntos las adversidades, celebrando las victorias y abrazándote y procurando tu consuelo cuando el dolor te llegue, porque siempre llega en algún momento, eso sí lo hemos aprendido, pero ya sabemos cómo superarlo, ya tenemos las armas necesarias para cuando llegue. Toda tu familia está preparada para cuando ese momento llegue, han sido muchos años de entrenamiento.

Y yo rezaré para que nuestro Dios me permita estar siempre a tu lado, cogidos de la mano en este viaje.

No me olvido de ti, la gran hermana mayor que sacrificó su vida para darle una oportunidad a su hermano pequeño. También estoy aquí para ti, para curarte tus heridas, para inundarte de besos y agradecerte tu sacrificio. Sé que nos has perdonado que no supiéramos darte tu lugar.

Os quiere

Mamá

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